"En el futbol está el juego y la entrega, es el sueño alcanzado de los niños, la pasión de fin de semana de los aficionados, sobre la cancha se desarrollan fantasías, siempre está presente el elemento lúdico"
El futbol es tan lúdico, que tiene el poder de regresar voluntaria y programadamente a la infancia con una jugada, es espejo de la vida pero también de los sueños, a través del encuentro los futbolistas pueden regresar a su niñez durante 90 minutos y lo que agregue el arbitro.
martes, 20 de mayo de 2008
ReLaTo dE Un AnOnImO
¿Por qué se quitan las camisetas?
¿Por qué todos los futbolistas, absolutamente todos, cuando cuelan un gol se quitan la camiseta?
¿Por qué los periódicos, deportivos o no, suelen darnos en primera página la foto de un futbolista quitándose la camiseta después de marcar un gol?
¿Es que es obligatorio colar gol para quitarse la camiseta?
¿Es que los que no cuelan goles no están autorizados a quitarse la camiseta?
¿Resulta que los que no han marcado gol, después del partido, se ven obligados a irse a casa con la camiseta puesta?
¿Tampoco pueden quitarse la camiseta en casa, ya que no marcaron ningún gol?
¿Se resienten sus matrimonios porque las jóvenes esposas son incapaces de aguantar al marido semanas o meses con la misma camiseta, hasta que en el campo no batan al portero adversario?
¿Están condenados los que juegan de porteros a no quitarse el jersey porque normalmente no marcan goles, o por el contrario, las leyes que rigen para las camisetas no son las mismas que imperan para los jerseys y entonces pueden despojarse de él?
¿Por qué, por otra parte, los porteros, cuando en uno de esos lances fatídicos como es el del penalty, cuando lo detienen, no se quitan el jersey?
¿Es que la camiseta del jugador de defensa o ataque puede ser quitada por su dueño al marcar un gol y el jersey no, cuando su propietario lo ha evitado?
¿Por qué cuando el marcador del tanto se quita la camiseta resulta que muestra debajo otra camiseta?
¿Se quita la segunda camiseta si marca por segunda vez?
¿Cuántas camisetas están autorizados a llevar los futbolistas?
¿Por qué se quita la camiseta únicamente el que ha colado el gol y todo el equipo que ha contribuido a la hazaña no se quita también las suyas?
¿Por qué, después del ansiado gol, no se quitan igualmente sus camisetas los suplentes del equipo que se hallan en el banquillo, celebrando tan magno acontecimiento?
¿Por qué no se quita la chaqueta, la corbata y la camisa el entrenador del equipo que ha conseguido el gol?
¿Por qué después de conseguir el tanto, los técnicos que acompañan al entrenador no se quitan también las corbatas y las camisas?
¿Por qué en el palco de autoridades, el presidente del club no se quita asimismo la corbata, la chaqueta y la camisa, cada vez que sus muchachos consiguen perforar la portería contraria?
¿Por qué cuando el club local marca un gol todos los espectadores simpatizantes del mismo no se despojan de sus camisas y sus camisetas para conmemorar el hecho?
Como pueden ustedes apreciar, el que los futbolistas se quiten la camiseta después de colar un gol me tiene sumido en un mar de perplejidades. Y eso que no he hablado de los árbitros y los auxiliares y sus camisetas correspondientes.
¿Por qué todos los futbolistas, absolutamente todos, cuando cuelan un gol se quitan la camiseta?
¿Por qué los periódicos, deportivos o no, suelen darnos en primera página la foto de un futbolista quitándose la camiseta después de marcar un gol?
¿Es que es obligatorio colar gol para quitarse la camiseta?
¿Es que los que no cuelan goles no están autorizados a quitarse la camiseta?
¿Resulta que los que no han marcado gol, después del partido, se ven obligados a irse a casa con la camiseta puesta?
¿Tampoco pueden quitarse la camiseta en casa, ya que no marcaron ningún gol?
¿Se resienten sus matrimonios porque las jóvenes esposas son incapaces de aguantar al marido semanas o meses con la misma camiseta, hasta que en el campo no batan al portero adversario?
¿Están condenados los que juegan de porteros a no quitarse el jersey porque normalmente no marcan goles, o por el contrario, las leyes que rigen para las camisetas no son las mismas que imperan para los jerseys y entonces pueden despojarse de él?
¿Por qué, por otra parte, los porteros, cuando en uno de esos lances fatídicos como es el del penalty, cuando lo detienen, no se quitan el jersey?
¿Es que la camiseta del jugador de defensa o ataque puede ser quitada por su dueño al marcar un gol y el jersey no, cuando su propietario lo ha evitado?
¿Por qué cuando el marcador del tanto se quita la camiseta resulta que muestra debajo otra camiseta?
¿Se quita la segunda camiseta si marca por segunda vez?
¿Cuántas camisetas están autorizados a llevar los futbolistas?
¿Por qué se quita la camiseta únicamente el que ha colado el gol y todo el equipo que ha contribuido a la hazaña no se quita también las suyas?
¿Por qué, después del ansiado gol, no se quitan igualmente sus camisetas los suplentes del equipo que se hallan en el banquillo, celebrando tan magno acontecimiento?
¿Por qué no se quita la chaqueta, la corbata y la camisa el entrenador del equipo que ha conseguido el gol?
¿Por qué después de conseguir el tanto, los técnicos que acompañan al entrenador no se quitan también las corbatas y las camisas?
¿Por qué en el palco de autoridades, el presidente del club no se quita asimismo la corbata, la chaqueta y la camisa, cada vez que sus muchachos consiguen perforar la portería contraria?
¿Por qué cuando el club local marca un gol todos los espectadores simpatizantes del mismo no se despojan de sus camisas y sus camisetas para conmemorar el hecho?
Como pueden ustedes apreciar, el que los futbolistas se quiten la camiseta después de colar un gol me tiene sumido en un mar de perplejidades. Y eso que no he hablado de los árbitros y los auxiliares y sus camisetas correspondientes.
FuTbOl y LitErAtUrA
juega con la tierra
como con una pelota báilala
estréllala
reviéntala
no es sino eso la tierratú en el jardín
mi guardavalla mi espantapájaros
mi atila mi niñola tierra entre tus pies
gira como nunca
prodigiosamente bella.
como con una pelota báilala
estréllala
reviéntala
no es sino eso la tierratú en el jardín
mi guardavalla mi espantapájaros
mi atila mi niñola tierra entre tus pies
gira como nunca
prodigiosamente bella.
RoMaNcE InTeLeCtUaL CoN La pElOtA
''El goleador es siempre el mejor poeta del año'', escribió Pier Paolo Pasolini, en la cumbre del romance entre la literatura y el fútbol. Camus había dicho que el fútbol le enseñó todo lo que sabía y el desprecio de los intelectuales por esa pasión se había superado cuando estalló una nueva polémica: ya no fútbol vs. cultura, o civilización vs. barbarie, sino literatura versus oportunismo editorial y venta. Además, cómo el fútbol devora la cultura general.
lunes, 12 de mayo de 2008
OoOtra pOESiA!!!
Para los que me estén escuchandoY para los que no, también va...Soy de colón sencillamente,Porque nací en esta ciudad.En la sangre lo he llevado,Y para siempre lo llevaré:Un sentimiento bohemioEn lo más hondo de mi ser.Caminando por la vida,Muchas metas coseché,Las que no fueron ahora,En algún momento las concretaré.También me nacieron sueños,Muy lejanos, quizás,Pero la fe de un hombre
Nunca se debe quebrar.Y mi anhelo que está latenteAlgún día se hará realidad,Cuando el sabalero me de la dicha,Y campeón se ha de coronar.Será un día soñado,Que no puedo ni imaginar,La alegría de todo un pueblo,En rojo y negro se pintará.Por las calles, en las plazas,En cada esquina, en cada lugar,Donde halla un sabalero,Donde halla amor de verdad.La familia por un lado,El club CoLón también,Son los ojos que iluminan,Lo que me queda por ver.Y si me concedieran un deseo,Uno último, nada másDesearía en mi muerte,Que mis ojos no se apaguen más.Soy de colón, ya les dije,Por las dudas lo repetiré,Soy sabalero sencillamente,Porque nací en Santa Fe!!
Nunca se debe quebrar.Y mi anhelo que está latenteAlgún día se hará realidad,Cuando el sabalero me de la dicha,Y campeón se ha de coronar.Será un día soñado,Que no puedo ni imaginar,La alegría de todo un pueblo,En rojo y negro se pintará.Por las calles, en las plazas,En cada esquina, en cada lugar,Donde halla un sabalero,Donde halla amor de verdad.La familia por un lado,El club CoLón también,Son los ojos que iluminan,Lo que me queda por ver.Y si me concedieran un deseo,Uno último, nada másDesearía en mi muerte,Que mis ojos no se apaguen más.Soy de colón, ya les dije,Por las dudas lo repetiré,Soy sabalero sencillamente,Porque nací en Santa Fe!!
Un pEqUeÑo PeDaZo dE PoEsIa dE El bArCeLoNa
El 5 de mayo de 1905.Comienza a transitar la vida,De una escuadraQue a lo largo de un siglo,Se convirtió en la gran pasión santafesina.En el viejo sur,Entre el arenal del campito,Un grupo de soñadoresEligió el nombreDel navegante genovés,Para identificar al clubQue acababa de nacer.La primera cancha del sabalero,Boulevard Zavalla y Moreno,Donde una tarde del 22’,Batió a Peñarol de Montevideo.Transcurrieron refulgentes etapasCargadas de glorias y de éxitos,Y otras tan opacasDe caídas y retrocesos.Hubo frustraciones,Como la pérdida de aquel predio,Donde se lograron tantos títulosDe la federación y la liga,Y otras hazañas deportivas,Que abarcaron primeras décadasDel historial rojinegro.Al borde de la desaparición,La fe interminable de su genteY el coraje de Francisco Ghiano,Fueron los responsablesDe que en julio del 46’,Naciera el templo del Centenario.Al borde del río SaladoEntre tablones y cemento,Se edificaron las basesDe nuestro orgullo sabalero.Y finalmente nace la leyenda,El cementerio de elefantes,Cuando en mayo del 64’Colón deja perplejo al mundo,Derrotando al Santos de PeléCon el gol del "Ploto" Gómez,Que el universo pudo ver.Al triunfo de los brasilerosLe seguirán días después,Peñarol y la selección Argentina,Así los grandes comienzan a caer.
PoEmA Al aRbItRo
El árbitro también tiene su página poética con Eduardo Galeano que se acordó de tan sacrificada profesión.
“El arbitro es arbitrario por definición. Éste es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absoluto con gestos de ópera. Silbato en boca, el árbitro sopla los vientos de la fatalidad del destino y otorga o anula los goles. Tarjeta en mano, alza los colores de la condenación: el amarillo que castiga al pecador y lo obliga al arrepentimiento, y el rojo, que lo arroja al exilio.
Los Jueces de línea, que ayudan pero no mandan, miran de afuera. Solo el árbitro entra al campo de juego; y con toda razón s persigna antes de entrar, no bien se asoma ante la multitud que ruge.
Su trabajo consiste en hacerse odiar. Unica unanimidad del fútbol: todos lo odian. Lo silban siempre, jamas lo aplauden.
Nadie corre más que él. Él es el único que está obligado a correr todo el tiempo. Todo el tiempo galopa, deslomándose como un caballo, este intruso que jadea sin descanso entre los veintidós jugadores; y en recompensa de tanto sacrificio, la multitud aúlla exigiendo su cabeza. Desde el principio hasta el fin de cada partido, sudando a mares, el árbitro esta obligado a perseguir la blanca pelota que va y viene entre los pies ajenos. Es evidente que le encantaría jugar con ella, pero jamás esa gracia se le ha sido otorgada. Cuando la pelota, por accidente, le golpea el cuerpo todo el público recuerda su madre. Y sin embargo, con tal de estar ahí, en el sagrado espacio verde donde la pelota rueda y vuela, él aguanta insultos, abucheos, pedradas y maldiciones.
A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha, pero ni así consigue probar su inocencia. Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias, los hinchas tendrían que inventarlo si el no existiera. Cuanto más lo odian, mas lo necesitan.
Durante más de un siglo el árbitro se vistió de luto. ¿Por quién? Por él. Ahora disimula con colores.
“El arbitro es arbitrario por definición. Éste es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absoluto con gestos de ópera. Silbato en boca, el árbitro sopla los vientos de la fatalidad del destino y otorga o anula los goles. Tarjeta en mano, alza los colores de la condenación: el amarillo que castiga al pecador y lo obliga al arrepentimiento, y el rojo, que lo arroja al exilio.
Los Jueces de línea, que ayudan pero no mandan, miran de afuera. Solo el árbitro entra al campo de juego; y con toda razón s persigna antes de entrar, no bien se asoma ante la multitud que ruge.
Su trabajo consiste en hacerse odiar. Unica unanimidad del fútbol: todos lo odian. Lo silban siempre, jamas lo aplauden.
Nadie corre más que él. Él es el único que está obligado a correr todo el tiempo. Todo el tiempo galopa, deslomándose como un caballo, este intruso que jadea sin descanso entre los veintidós jugadores; y en recompensa de tanto sacrificio, la multitud aúlla exigiendo su cabeza. Desde el principio hasta el fin de cada partido, sudando a mares, el árbitro esta obligado a perseguir la blanca pelota que va y viene entre los pies ajenos. Es evidente que le encantaría jugar con ella, pero jamás esa gracia se le ha sido otorgada. Cuando la pelota, por accidente, le golpea el cuerpo todo el público recuerda su madre. Y sin embargo, con tal de estar ahí, en el sagrado espacio verde donde la pelota rueda y vuela, él aguanta insultos, abucheos, pedradas y maldiciones.
A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha, pero ni así consigue probar su inocencia. Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias, los hinchas tendrían que inventarlo si el no existiera. Cuanto más lo odian, mas lo necesitan.
Durante más de un siglo el árbitro se vistió de luto. ¿Por quién? Por él. Ahora disimula con colores.
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